viernes, 26 de marzo de 2010
Esse empleado
Solamente la suela de los empleados adiestrados a la competencia de ser todos igualmente uniformes, juega el rol de permitirme adoptar la postura de quitarme de encima el polvo que solía hacerse pasar por maquillaje. Solo era eso, rimel barato para conjugados clavos de labor publica embadurnados por la ética utilitarista de soler añorar los derechos de autor por un calcetín mal cosido. Perfecta soledad la de una oficina donde sentado me brindo a levantar las copas vacías de amianto lustrado por la mendacidad de los compañeros de trabajo que no conocen las afueras de sus cejas, pues trasuntan enredados entre las pestañas del himen sangrante de la creatividad solidificada por el sufrimiento institucional que caracteriza a esa peligrosa raza de resentidos. Pesimistas de revés, ojaldres de tenedor, guantes de verano y mieses para langostas a rutinaria dieta. Oh viejo sabio de las migrañas campantes! Oh vetustas avispas con abdomen contra-natura, mi destino tampoco es el de espantar moscas!!!!
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Los resortes
Hay algo mas baladi que un resorte? Claro que si, pensar en el.
Sin embargo, es justamente lo trivial lo que nos diferencia del reino animal (en caso de que nuestra amabilidad excluya a los humanos de el). Un resorte sirve para varias cosas, entre ellas la de hacernos la existencia menos remota, pues siempre nos contraemos; y si aquel no fuese lo que es, como podriamos distender nuestro diafragma a las vivencias que nos tocan por azar?.
Nietzche aconsejaba retroceder, para de ese modo dar un salto mayor (enseñanza que alega haberla encontrado entre las bestias), pero cuando no nos es posible dar mas pasos hacia atras, como hacer para dar un brinco cuya dignidad supere a la de las langostas? No podemos, es evidente. Pero no todo es tan simple. Un resorte puede solucionarlo, y de hecho, si consiguiesemos ver nuestras espaldas con nuestros propios ojos hallariamos aquel resorte que la experiencia nos ha forjado bajo la rubrica de un don, o sea, el don de la conciencia. Claro que tendriamos que entender que "no tenemos conciencia" y mucho menos ella nos tiene a nosotros. No. Toda conciencia es conciencia-de, y punto. Nada de substancia escolastica ni aristotelica, tampoco cartesiana ni freudiana. Todo es un mar entonces?. La respuesta obvia es que no, puesto que existen los resortes. Ellos no obligan, nos intiman y nos acicatean siempre indomeñablemente a pensar en aquello frente a lo cual rehuimos, pero que el azar en unos casos, lo imposible en otros, nos pone delante para que cuando retrocedamos aterrados ante lo desconocido y siniestro que nuestra propia imagen es para notros mismos, un impulso impetuoso nos arroje hacia adelante.
El problema, como siempre, es que el espejo se raje.
Sin embargo, es justamente lo trivial lo que nos diferencia del reino animal (en caso de que nuestra amabilidad excluya a los humanos de el). Un resorte sirve para varias cosas, entre ellas la de hacernos la existencia menos remota, pues siempre nos contraemos; y si aquel no fuese lo que es, como podriamos distender nuestro diafragma a las vivencias que nos tocan por azar?.
Nietzche aconsejaba retroceder, para de ese modo dar un salto mayor (enseñanza que alega haberla encontrado entre las bestias), pero cuando no nos es posible dar mas pasos hacia atras, como hacer para dar un brinco cuya dignidad supere a la de las langostas? No podemos, es evidente. Pero no todo es tan simple. Un resorte puede solucionarlo, y de hecho, si consiguiesemos ver nuestras espaldas con nuestros propios ojos hallariamos aquel resorte que la experiencia nos ha forjado bajo la rubrica de un don, o sea, el don de la conciencia. Claro que tendriamos que entender que "no tenemos conciencia" y mucho menos ella nos tiene a nosotros. No. Toda conciencia es conciencia-de, y punto. Nada de substancia escolastica ni aristotelica, tampoco cartesiana ni freudiana. Todo es un mar entonces?. La respuesta obvia es que no, puesto que existen los resortes. Ellos no obligan, nos intiman y nos acicatean siempre indomeñablemente a pensar en aquello frente a lo cual rehuimos, pero que el azar en unos casos, lo imposible en otros, nos pone delante para que cuando retrocedamos aterrados ante lo desconocido y siniestro que nuestra propia imagen es para notros mismos, un impulso impetuoso nos arroje hacia adelante.
El problema, como siempre, es que el espejo se raje.
lunes, 30 de junio de 2008
jueves, 26 de junio de 2008
Fracaso
Si hay temor hay privilegio para con cualquier punto, por intrascendental que sea, que se nos ofresca como pivote para esquivar el tesoro que nos depara lo temible. El fracaso, por ejemplo, se escuda en el temor, ergo, un fracasado resulta siempre ser el heraldo de lo a temer. Nada mas temible que un fracasado. Recuerdo un libro donde se hablaba de la voluntad de fracaso, por supuesto, semejante expresion solo puede surgir de un sociologo americano. Un aleman simplemente sonreiria al pensar en voluntad de fracasar, y Schopenhauer primero que todos.
Nunca se teme al exitoso, a este se lo envidia en todo caso, pero se teme a los caidos existenciales. Tambien se teme, no a las personas, sino a aquello que en nuestra historia ha sido un fracaso, marcas estructurales en nuestro modo de dirigirnos en el mundo. Pero no se trata de pasado historico, el fracaso apunta y se establece como tal en el futuro, en tanto que ek-stasis. Siempre fuera, siempre allende el proyecto que se estrella contra la facticidad que se anticipa al fracaso concreto. Un fracasado es tambien un visionario, este es el origen de las ciencias manticas: gozar del fracaso. No hay mayor goce para el hombre que lamer las esquirlas de un proyecto que yerra, y consideremos que todo proyecto erra, mal que le pese a Sartre.
El temor fracasa tambien, es por ello que tan bien le cabe el fracaso.
Pero resulta que ya no hay nobleza en la temible perdida de nuestras ideas, ellas simplemente se desparraman en la nada que las separa del pensamiento, y temiendo encontrarse a ese alguien que las podria inscrir como fracasadas en su ex-sistir, arando todas sus posibilidades de anclarse en algun otro que las asuma como propias...simplemente huyen.
Nunca se teme al exitoso, a este se lo envidia en todo caso, pero se teme a los caidos existenciales. Tambien se teme, no a las personas, sino a aquello que en nuestra historia ha sido un fracaso, marcas estructurales en nuestro modo de dirigirnos en el mundo. Pero no se trata de pasado historico, el fracaso apunta y se establece como tal en el futuro, en tanto que ek-stasis. Siempre fuera, siempre allende el proyecto que se estrella contra la facticidad que se anticipa al fracaso concreto. Un fracasado es tambien un visionario, este es el origen de las ciencias manticas: gozar del fracaso. No hay mayor goce para el hombre que lamer las esquirlas de un proyecto que yerra, y consideremos que todo proyecto erra, mal que le pese a Sartre.
El temor fracasa tambien, es por ello que tan bien le cabe el fracaso.
Pero resulta que ya no hay nobleza en la temible perdida de nuestras ideas, ellas simplemente se desparraman en la nada que las separa del pensamiento, y temiendo encontrarse a ese alguien que las podria inscrir como fracasadas en su ex-sistir, arando todas sus posibilidades de anclarse en algun otro que las asuma como propias...simplemente huyen.
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